Recorrido de la caravana: Leandro Gómez, Libertad, Avenida Soriano, Independencia, Avenida San Martín, Zorrilla de San Martín, Avenida Soriano, Bulevar Artigas, Avenida República Argentina, Avenida Enrique Chaplin, Washington, Grito de Asencio (ex Tres), Avenida Ferreira, Avenida Salto, Cerrito, Purificación, Vizcónde de Maúa, Avenida Salto, Dr. Herrera, 18 de Julio hasta el Club Social Sanducero.

En estos días se han sucedido varios comentarios sobre la oportunidad de conmemorar el Bicentenario. Quizás el desconocimiento de los hechos o la falta de análisis de los mismos, o simplemente la mala fe pueden hacer dudar de lo pertinente que es conmemorar estos hechos y en particular este mes de octubre donde hace 200 años el pueblo oriental dio su ejemplo de “empoderamiento”, diferenciación y sentimiento de pertenencia.

Los alzamientos de Casablanca y Asencio, la victoria militar de Las Piedras, el obstinado sitio de Montevideo, la invasión portuguesa en auxilio de la restauración de las autoridades españolas, la entreguista posición monárquica de la Junta de Buenos Aires y el nacimiento de las Asambleas Orientales son más que justificativos para esta conmemoración de los hechos de 1811. 

La noche del 10 setiembre de 1811 se reunieron en la Panadería de Vidal, un centenar de vecinos de Montevideo a consecuencia del arribo de los enviados bonaerenses  al sitio de Montevideo, los cuales habían llegado con el objetivo de consultar con Rondeau y Artigas el texto del primer acuerdo, aun provisorio, que se suscribiría con Montevideo. Entre los presentes en la reunión  figuraban los sacerdotes Dámaso A. Larrañaga y Bartolomé Ortiz, Tomas García de Zúñiga, Felipe Cardozo, Miguel Barreiro, Carlos Anaya, Rondeau y Artigas.

Mientras los representantes bonaerenses esgrimían las razones por lo cual se firmaría un armisticio y por lo tanto se levantaría el sitio, los vecinos en armas manifestaron la convicción de sostener por si solos el Sitio, al mismo tiempo que el ejercito saldría a enfrentar el avance e invasión de los portugueses. Artigas se paró firmemente contra la idea de dejar solos a sus “paisanos” y volvió a reclamar  a la Junta el envío de mil hombres, armas y municiones, para combatir a los portugueses sin desatender el Sitio, reclamo hecho desde el mes de agosto.

Esta  petición no surtió efecto y en el correr de los días se firmaría el armisticio con Elío,  pero sin embargo la significación política e histórica de esta instancia se vería confirmada años más tarde ya que fue la primera vez que los vecinos de Montevideo expresaban su voluntad colectiva desde el seno de un poder político que surgía de ellos mismos, sería el surgimiento de las Asambleas Orientales.

El 7 de octubre se llegó a un acuerdo preliminar entre Elío y la Junta, donde se acordaba como soberano a Fernando VII, se desocuparía la Banda Oriental por parte de las tropas bonaerenses  y no reconocerían otra autoridad que la del virrey, siendo el Paraná el límite entre ambos Gobiernos. Los rumores sobre este acuerdo se conocieron por los sitiadores y sitiados, generando gran conmoción, por lo que  Rondeau convocó a otra Asamblea en la Quinta de la Paraguaya, sitio donde estaba establecido el Cuartel General, al cual concurrió el representante bonaerense que había pactado con Elío.

La asamblea no compartió la idea de abandonar el sitio, Artigas en una demostración de temple político no acató la  subordinación a la que estaba obligado por su condición de militar, se negaba a aceptar ese pacto que era “inconciliable con nuestras fatigas”, dijo. Y después agregó: “Hablaré con la dignidad de ciudadano, sin desentenderme del carácter y obligaciones de coronel de los ejércitos de la patria con que el gobierno de Buenos Aires se ha dignado honrarme”  y seguidamente  no tan complaciente con el Gobierno decía: “ Pero acaso ignoraba que los orientales habían jurado en el hondo de su corazón un odio irreconciliable, un odio eterno, a toda clase de tiranía; que nada era peor para ellos que haber de humillarse de nuevo, y que afrontarían la muerte misma antes de degradarse del título de ciudadano , que habían sellado con su sangre ; ignoraba sin duda el gobierno, hasta donde se elevaban estos sentimientos”

Los vecinos, en apoyo a las palabras de Artigas, protestaron por no estar presentes en la mesa de decisión que resolvió entregar el sitio, a sabiendas que eran ellos los que habían protagonizado los hechos del mismo, acampando, matando y muriendo en defensa de sus derechos.

Este momento es clave en la historia, aquí se rompe el vinculo tácito que existía con Buenos Aires, los “paisanos” se quedaron solos sin el apoyo de las milicias porteñas para combatir al enemigo español y a las tropas portuguesas que avanzaban por el litoral atlántico.  Ya en el mes de agosto Artigas había librado un oficio en el que advertía: “la desolación de la campaña, la triste humillación de todos nosotros, la usurpación de nuestros bienes, y una esclavitud vergonzosa son los auspicios que nos presenta Portugal…” y recomendó entonces: “ que todos tomen las armas para defender sus personas y bienes, sin que sirva de obstáculo ninguna otra  atención, pues a esta debe preferirse la de la patria” y remató diciendo que, cuantos caballos, bueyes, carruajes y armamentos se hallaran debían colectarse rápidamente. Dos semanas más tarde un oficio interno del ejército portugués corroboraba que todo Cerro Largo estaba desolado de caballos y bueyes.

Asimismo los largos meses de Sitio habían marcado a fuego a los “orientales” y desde aquí en adelante ya no aceptarían otra autoridad que la que surgiera desde las entrañas de su pueblo.

El respeto ganado en 3 largas décadas como Blandengue de la frontera y el prestigio obtenido como jefe militar en la batalla de Las Piedras le otorgaron a José Artigas la máxima autoridad entre los suyos. En consecuencia decidieron celebrar “en acto solemne, sacrosanto siempre de una constitución social, erigiéndonos una cabeza en la persona de nuestro dignísimo conciudadano Don José Artigas para el orden militar de que necesitamos”. Esa noche José Artigas fue proclamado  “Jefe de los Orientales” y comenzaría a construirse dentro de los pobladores de la Banda Oriental un sentimiento de pertenencia que se iría consolidando en el proceso de emancipación, siendo el comienzo de nuestra posterior identidad nacional.

Cabe destacar que en el mismo momento en que la diplomacia porteña firma el armisticio y  quedan anulados los esfuerzos de nueve meses de lucha imponiéndosele la derrota al pueblo de la banda oriental, es que Artigas comienza a madurar su programa político. En él concibe a las provincias agrupadas, hasta entonces en el Virreinato colonial del Rio de la Plata, el cual  más tarde desembocaría en la doctrina federal artiguista.

A medida que transcurren los meses y se ahondan las diferencias entre el pueblo oriental y el gobierno de Buenos Aires, va desapareciendo de los documentos artiguistas la invocación de lealtad a Fernando VII y se hacen más numerosas las menciones al ejercicio de la plena soberanía del pueblo oriental encaminado hacia la independencia absoluta de España.

A su vez en muchas regiones del Virreinato,  gracias al descontento de sus pobladores, van tomando cuerpo los sentimientos localistas y se va conformando un concepto que Artigas utilizaría de manera central dentro de su doctrina, la idea de “gobierno inmediato”.

La Banda Oriental, otrora tierra prometida, se convertirá en poco tiempo en tierra arrasada. La marcha de la Redota se inició con las fuerzas bonaerenses. Cruzaron el río San José en el paso de los Pintos y acamparon a fines de octubre  en la zona de arroyo Grande. El 31 de octubre las fuerzas bonaerenses se separaron del ejército oriental, y mientras este se dirigía al Yapeyú, la gente de Rondeau bajaba hacia su punto de embarque en Colonia del Sacramento, para cumplir con el armisticio abandonando a los orientales.

A los primeros integrantes de la Redota, unos 6 mil, con los que llegó Artigas al Ayuí se agregaron los paisanos entrerrianos y correntinos, y los contingentes indígenas misioneros, incorporados a los grupos de charrúas y minuanes que precedían siempre las marchas del ejército artiguista.

Desde Buenos Aires se trató de limitar el poder del jefe de los orientales ordenando separar a los hombres de Artigas en dos Divisiones. Artigas no se amedrentó y respondió con la renuncia al cargo militar  que la Junta de Buenos Aires le había conferido. Asimismo contraatacó y envió a una importante delegación de jefes militares a presentarse ante el Cabildo de Buenos Aires como representantes del pueblo que planteó la Revolución. En el Cabildo esbozaron los conceptos básicos de una estructura federalista para organizar la nación, con una evidente inspiración artiguista. Se planteó la convicción de “no haber pactado con la tiranía” y a su vez haber celebrado el “acto de constitución social”, jurando continuar la guerra hasta liberar la Banda Oriental del dominio colonial.

En conclusión, los objetivos políticos de Artigas se enmarcaron en la construcción de un gobierno federal, donde la “Provincia Oriental” y su puerto de Montevideo deberían jugar un factor más del equilibrio geopolítico de la región,  en una coyuntura política caracterizada por el proceso de emancipación hispanoamericana, donde la presión Europea y las decisiones centralistas de Buenos Aires fueron cruciales para el desenlace final y  la construcción de lo que somos hoy.

Sin embargo, el sentimiento de nacionalidad y de pertenecía de los orientales  nace de la lucha que nuestros “paisanos”, encabezados por José Artigas, dieron hace 200 años en busca de la libertad. A ellos vaya nuestro permanente agradecimiento y homenaje.

 Fuentes:
“Los tiempos de Artigas” Tomo I. Ana Ribeiro.
“Nuevas miradas en torno al Artiguismo”  Ana Fraga-Ariadna Islas (coordinadoras).

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